Introducción

Amazigh es el nombre con el que se denominan los pobladores originales del norte de África y sus descendientes. Seguramente la mayoría entenderá mejor de quién estamos hablando si utilizan la denominación de bereberes. A los imazighen (plural de Amazigh) no les gusta que se utilice la denominación de bereberes, ya que esta es peyorativa.

“Bereber” deriva de la palabra griega bárbaro, que era utilizada para denominar a todos aquellos que no hablaban griego y que, por tanto, eran considerados bárbaros. Los romanos y los bizantinos continuaron utilizando este término. Después de las invasiones árabes del siglo XVII, los árabes continuaron con la tradición grecorromana de considerar a los pueblos indígenas como bárbaros. También los ingleses y franceses adoptaron el término bereber. Los nacionalistas Amazigh reivindican el uso del término con el cual ellos se autodenominan. Amazigh significa libre o noble; el plural de Amazigh es imazighen. Para definir la lengua que hablan, los imazighen usan el término de lengua tAmazight. Entre el pueblo Amazigh hay tendencias y posiciones diferentes en torno a su identidad, las reivindicaciones varían en función del país y pueden ser desde culturales hasta nacionalistas y de reivindicación nacional. Por ejemplo, los nacionalistas se caracterizan por la reivindicación de la tierra nacional del pueblo Amazigh, que ellos denominan Tamazgha. Más adelante explicaremos las diferentes manifestaciones culturales y políticas del pueblo Amazigh (ver La cuestión Amazigh hoy día).

Los imazghen han sido siempre considerados

los habitantes originales del norte de África. Su territorio se extiende desde Egipto hasta Mauritania y desde el Mediterráneo hasta las fronteras del África negra subsahariana. Diferentes imperios han conquistado porciones de la Tamazgha histórica, comenzando por los fenicios y los griegos y más tarde los romanos, vándalos, bizantinos, árabes, turcos, franceses, británicos, españoles e italianos. Los imazighen han sido sometidos a diversas creencias religiosas: sus propios conceptos panteísticos; los dogmas politeísticos de los fenicios, egipcios, griegos y romanos; y a las tres principales religiones monoteístas, el judaísmo, el cristianismo, y el islam. Desde el siglo XIII, la mayoría de los imazighen han profesado la fe islámica.

Las primeras colonizaciones

Los primeros antepasados de los Amazigh

Aparecen durante el primer milenio antes de Cristo, repartidos en las zonas costeras del Mediterráneo africano y en amplias zonas del interior. Los primeros desarrollaron sociedades rurales sedentarias, mientras que los del interior eran pastores nómadas dedicados a la cría de ovejas, cabras y bovino. Se conoce muy poco sobre la organización social de estos primeros antepasados de los imazighen.
Los primeros colonizadores que llegaron a la zona fueron los fenicios (814 aC). En el siglo VI aC, esta colonia se convierte en un estado autónomo, con la ciudad de Cartago como capital. Durante este período, los pobladores del interior pusieron en marcha una gran actividad comercial. El oro, la plata, y el estaño africanos eran vendidos a cambio de los productos manufacturados cartagineses. Esta dinámica dura hasta el año 40 dC cuando la colonia pasó a manos romanas. Durante los dos primeros siglos después de Cristo, la romanización llegó prácticamente al desierto entre numerosas revueltas Amazigh. Los romanos nunca pudieron acabar con esta resistencia. Es por eso que en la época romana la población Amazigh quedó dividida en dos grupos: los imazighen romanizados (zonas costeras) y los imazighen que vivían en clanes y tribus independientes en el interior. Estos últimos proporcionaban a los romanos oro, esclavos, plumas de avestruz, animales salvajes y piedras preciosas, a cambio de vino, objetos metálicos, terracería, productos textiles y de vidrio. Por su parte, los imazighen romanizados fueron subiendo socialmente y en el año 170, los senadores africanos eran más de 100.

El cristianismo también conoció un gran desarrollo en las zonas romanizadas. La figura más importante del cristianismo africano fue san Agustín, obispo de Hipona, y las herejías más extendidas el donatismo y el arrianismo. El judaísmo también encontró numerosos adeptos, principalmente en las montañas de la costa. En el año 429, tuvo lugar la llegada de los vándalos que resultó desastrosa. Arruinaron gran parte de la cultura romana y detuvieron la vida urbana. En el 533, llegaron los bizantinos y restablecieron la administración, la economía romana y la ortodoxia católica.

Mientras todo esto sucedía, los imazighen del interior continuaron con su vida nómada y organización tribal, atacando con frecuencia las ciudades cercanas. La introducción del camello (s. V-VI) revolucionó las comunicaciones saharianas y los imazighen del interior pudieron controlar mejor las rutas comerciales y llegaron a ser los intermediarios más importantes entre el África negra y el mundo del Mediterráneo.

Las conquistas árabes y la islamización del Magreb

El pueblo Amazigh, muy enraizado en sus tradiciones, marco geográfico y organización igualitaria, se opuso con una fuerte resistencia a la invasión árabe. En el año 649, los árabes llegaron por primera vez a Ifrikiya (Túnez). La resistencia bizantina fue muy reducida. En 675 el líder Kusayla, jefe Amazigh de las confederaciones Awraba i Sanhadja, se convirtió al islam y con él, la mayoría de sus seguidores en el Magreb central. Hizo un pacto con los árabes y juntos acabaron de expulsar a los bizantinos. Durante los años siguientes, los problemas fueron aumentando hasta que los árabes rompieron su pacto y conquistaron prácticamente la totalidad del Magreb, incluso la región del Atlas. En el año 704, la práctica totalidad del Magreb pasó a formar parte del imperio califal. Es en este proceso cuando se produce la islamización del Magreb, que tendrá importantes repercusiones en el pueblo Amazigh.

La tradición árabe y musulmana

En seguida entró en contradicción con las fuertes tendencias democráticas y con el sentido de la igualdad del pueblo Amazigh. Los imazighen no soportaron demasiado bien el hecho de ser musulmanes de segunda fila, que pagaban tributos como los infieles y formaban el grueso de los ejércitos que conquistaban nuevos territorios, pero que no podían acceder a lugares de responsabilidad. Es por eso que las reacciones de los imazighen no eran contra el islam, sino contra la privilegiada aristocracia árabe. Los imazighen no sólo no reaccionaron ante el islam, sino que hubieron muchos intentos de adaptar el islam al mundo Amazigh y sus peculiaridades. En el año 745, Ibn Tarif se autonombró profeta, tradujo el Corán e introdujo nuevos rituales y restricciones de alimentos en consonancia con las tradiciones animistas locales. Muchos imazighen se adhirieron masivamente al jariyismo, que era una versión del islam que pregonaba la igualdad entre todos los creyentes.

A pesar de los intentos de adaptación, el islam modificó las estructuras sociales de los imazighen. La atracción del mundo árabe hizo que muchas familias imazighen buscasen antepasados árabes como símbolo de prestigio. Por su parte, los imazighen del interior continuaron con sus tradiciones comerciales y fueron ellos los que introdujeron el islam en el África subsahariana.

La tradicional aristocracia árabe se perpetuó en el poder y con ella se negoció la descolonización y el nacimiento de los estados actuales. Esto se hizo sin tener en cuenta los derechos históricos de los imazighen del interior, los únicos que todavía reivindicaban su identidad (alto y medio Atlas en Marruecos; las montañas de la Cabilia al este de Argel; las montañas Aurès al este de Argelia; la región de Mzad al norte del Sáhara argelino; los sectores tuareg de Argelia Ahaagar i Tassili-n-Ajjer; las montañas Jabal Nafusa al sur de Trípoli (Libia): Tebu en las montañas Tibesti al sureste de Libia; el oasis Siwa sahariano al oeste de Egipto; el territorio tuareg de Azaouad al noroeste de Mali; las montañas Aïr, al norte de Níger). Su lengua fue marginada en beneficio del árabe y del idioma colonizador, que se convirtieron en oficiales. Después de muchos años de luchas y reivindicaciones, algunos países han declarado oficial la lengua tAmazight. (” Protagonistas y marginados” , José Luís Cortés López. Mundo Negro, octubre de 1997).

La cuestión Amazigh hoy día

Antoni SEGURA i MAS
Catedrático de Historia Contemporánea
Universitat de Barcelona

Hoy en día, en el Magreb, unos 16 millones de personas son consideradas imazighen, lo cual representa un poco más de la quinta parte del total de la población. Los porcentajes más elevados los encontramos en Marruecos (Rif, Atlas y Sous), Argelia (Aurès, oasis de Mzab y Gourara, Hoggar y Gran y Pequeña Cabilia) y en los desiertos de Mauritania y Sáhara Occidental. También encontramos núcleos imazighen más reducidos en Túnez (isla de Djerba y algunos puntos del desierto), en Libia (Gabel Nefusa) y en Mali (en el desierto). Se trata pues, de una distribución discontinua que ha dificultado la unidad lingüística y cultural y ha favorecido, a menudo, una utilización política interesada de la ” cuestión Amazigh” . Así, la administración francesa no dudó en oponer los ” buenos” imazighen a los árabes ” dominadores” con tal de debilitar la resistencia a la acción colonial. La máxima expresión de esta actitud fue la proclamación en Marruecos del denominado dahir berber de 1930, que pretendía sustraer de la jurisdicción del sultán a la población bereber del Protectorado. El rechazo de la sociedad marroquí obligó, sin embargo, al cabo de poco tiempo, a dar marcha atrás. Después de la independencia, también Mohamed V utilizó hábilmente el fiel y berberista Movimiento Popular de Mahjoub Aherdane (ministro en diversas ocasiones y participante en la Marcha Verde) para oponerlo a la política radical del Istiqlal. En Argelia, la política de arabización impulsada por los ulemas y por el Movimiento por el Triunfo de las Libertades Democráticas en la segunda mitad de los cuarenta provocó las críticas de los militantes imazighen que fueron expulsados del partido mientras Hocine Aôt Ahmed, acusado de estar más interesado en Masinissa y Jugurta que no en el profeta, había de ceder la dirección de la lucha armada a Ben Bella. Después de 1962, las cabilias se sublevaron (1963 i 1980) contra la política de arabización del Frente de Liberación Nacional. En la campaña electoral de 1991, fue el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) de Hocine Aôt Ahmed quien denunció el mensaje de exclusión (” el mestizaje es la decadencia” ) del Frente Islámico de Salvación.

Hoy, el poder opone la intransigente Agrupación por la Cultura y la Democracia de Said Saadi, que propugna una política de erradicación de los islamistas, a la propuesta de diálogo y negociación de la Plataforma de Roma defendida por el también Amazigh FFS. Mucho más al sur, en Mali (Azuad) y Níger (Aïr), los tuaregs, antiguos traficantes de oro y esclavos, han sido perseguidos, y, entre 1990 i 1995, la guerra ha golpeado la región. Los gobiernos de estos dos países ven el apoyo del Congreso mundial Amazigh a los tuareg como una interferencia en un problema político interno.

En definitiva, la historia de los imazighen es un compendio de gloria y desdicha, de fragmentación y olvido. Aliados y enfrentados a Roma en la época de Masinissa y Jugurta (reyes de Numidia y Mauritania), fundadores de imperios (almorávide, almohade) y dinastías (hafsida, abdalwadita, benimerí); arabizados hasta la renuncia de los orígenes; doblemente colonizados por los europeos y por las políticas arabizantes que siguieron a las independencias, sin estado, dispersados y aislados entre sí, de tal manera que la unidad lingüística se perdió hace siglos. Y de igual manera, las costumbres, la cultura, las artes, la cocina (el cuscus), la religión y el derecho no se entienden en el Magreb sin esta referencia Amazigh que lo impregna todo, que traspasa por todos lados. Hace falta, pues, esforzarnos en conocer esta mediterránea Amazigh para poder construir este espacio mediterráneo de intercambios sociales, culturales y de ideas que los más imaginativos y esperanzados quisieron vislumbrar más allá de la zona de libre comercio definida en la Declaración de Barcelona.

 

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