La huella española se borra en Marruecos

0
107

EL PAIS / 19 FEB 2006

Han pasado 50 años desde la independencia, y el pasado español es ya una huella borrosa. Al Yazira acapara la audiencia que años atrás tenía TVE y el castellano está en declive. El Rif intenta superar la brecha que durante décadas lo ha separado del resto de Marruecos y, a pesar de todo, mantiene su mirada puesta en una España cuya nueva prosperidad le fascina.

Ese día todavía no ha llegado”. Said Jatabi, de 70 años, el único hijo varón aún con vida de Abdelkrim, el líder independentista rifeño que tanto guerreó con los españoles, tuerce el gesto cuando se le pregunta por qué los restos mortales de su padre no han sido aún trasladados a Marruecos desde El Cairo, donde murió exiliado hace 43 años. Su respuesta demuestra que en el Rif, que junto con el resto de Marruecos accedió a la independencia hace ahora medio siglo, algunas heridas no acaban de cicatrizar.

“El necio error de Franco consistía en creer que la zona española escaparía a la independencia lograda en el resto del imperio cherifiano”, escribió Indalecio Prieto en su libro Convulsiones de España. El generalísimo fomentó la secesión o, por lo menos, mantener a la colonia española alejada de las sacudidas del Marruecos francés, pero París le colocó ante el hecho consumado y “Franco no tuvo más opción que mostrarse caballeroso y generoso”, afirma el investigador francés Ignace Dalle en su libro Les trois rois.

Con la independencia, algunas infraestructuras, como el ferrocarril de Ceuta a Tetuán, fueron desmanteladas. Españoles y marroquíes pugnaban por los raíles y vagones
 España concedió la independencia a la franja norte de Marruecos el 7 de abril de 1956, exactamente 37 días después de que lo hiciese Francia. “Todo el mundo soñaba con la independencia, estábamos muy alegres”, recuerda Mehdi Benouna, de 89 años, hijo de uno de los líderes nacionalistas de Tetuán, la capital de lo que fue, durante cuatro largas décadas, el protectorado español. Con una extensión de 30.000 kilómetros cuadrados, esa zona coincidía básicamente con la costa mediterránea y las montañas del Rif, donde hoy viven unos seis millones de personas.
“La responsabilidad primordial de nuestro subdesarrollo no incumbe a España, sino a Marruecos”, recalca Said Jatabi, hijo del mítico líder rifeño Abdelkrim

Pese al júbilo en las calles de Tetuán, los españoles no dejaron mal recuerdo. “A diferencia de los franceses, se mezclaban con los marroquíes, eran los vecinos con los que se intercambiaban visitas”, afirma Abdelmejid Benjeloun, autor de media docena de libros sobre el Marruecos septentrional. “Decíamos en árabe dialectal que estaban hazah; es decir, tan pelaos como nosotros”, añade. Hace un cuarto de siglo apenas había diferencia entre el nivel de vida a ambos lados del estrecho de Gibraltar.

Mohamed VI marcó enseguida distancias con su padre, Hassan II, y se apresuró en viajar al norte, donde impulsa proyectos de desarrollo y rehabilitación
Acaso por eso, porque España era menos próspera que Francia y contaba con menos medios para desarrollar esa sexta parte de Marruecos que le atribuyó el tratado hispano-francés de 1912, el Rif acusaba en 1956 un fuerte retraso con relación al área de Casablanca, donde aún hoy día se genera el 45% del PIB del reino alauí.

Ceuta y Melilla son las auténticas capitales económicas del norte. El contrabando genera unos 400.000 “empleos basura”, pero desalienta la inversión

Ferrocarril desmantelado

Para colmo, algunas infraestructuras, como el ferrocarril de Ceuta a Tetuán, fueron desmanteladas tras la proclamación de independencia. “Españoles y marroquíes se peleaban para quedarse raíles y vagones de un tren que había dejado de circular”, recuerda Abdessalam Amrani, de 94 años, antiguo empleado de la compañía ferroviaria. Aunque están en ruinas, aún subsisten algunas estaciones.

“El cierre casi hermético al que están sometidas esas ciudades hace que sólo emanen de ellas efluvios tóxicos hacia el norte”, se queja Benhima
Aquello fue una minucia comparado con los problemas que se cernían sobre esos rifeños que se las prometían muy felices con la recién ganada independencia. “Empezó lo que podríamos llamar la invasión del norte por el sur”, afirma Abdelkader Chaoui, escritor originario de Xaouen ahora afincado en Madrid. “De Rabat o Casablanca llegaban funcionarios educados en francés para ocupar los puestos dejados vacantes por los españoles, cuya lengua desaparecía en la Administración”, añade. Más tarde sucedió otro tanto en la educación.

Políticos y empresarios ceutíes urgen a Exteriores a negociar con Rabat la obtención de una frontera comercial para poder exportar a Marruecos

El castellano -la lingua franca del norte, porque los rifeños no solían hablar árabe y aún menos francés- quedó postergado; la guerra de Argelia impidió a los braceros trabajar del otro lado de la frontera, y, para más inri, las autoridades marroquíes intentaron erradicar el cultivo del hachís. Descontento, el Rif se sublevó en 1958, y Mulay Hassan, el futuro Hassan II, fue el encargado de aplastar la rebelión secundado por el temible general Mohamed Oufkir. La represión fue brutal.

Tras su entronización, Hassan II continuó pasando factura a los rifeños por haber desafiado al trono. “Creía que no éramos sujetos leales”, señala Mehdi Benouna. “Por eso, en sus 36 años de reinado nunca visitó oficialmente la zona”, añade, aunque en una ocasión estuvo en Tánger -que nunca formó legalmente parte del protectorado- para embarcar hacia Túnez. Apenas hubo inversión pública en el antiguo protectorado. La región quedó aún más marginada.

Said Jatabi recalca: “La responsabilidad primordial por nuestro subdesarrollo no incumbe a España, sino a Marruecos”. “No olvidemos que, pese a todas sus limitaciones, la España de Franco propulsó a Marruecos hacia una cierta modernidad sobre todo en lo concerniente a la sanidad, con campañas de vacunación y lucha contra enfermedades típicas del subdesarrollo”, insiste por su parte Abdelmejid Benjeloun. Hoy día no hay un solo hospital oncológico en el norte.

Cuando accedió al trono, en 1999, Mohamed VI marcó rápidamente distancias con su padre en éste como en tantos otros ámbitos. Su primer viaje oficial lo hizo, en el otoño de ese mismo año, al norte, y desde entonces pronuncia siempre el discurso del trono -el más importante del año- desde Tánger. Pasa además sus vacaciones veraniegas entre esa ciudad, Tetuán y una mansión familiar cerca de Ceuta.

También recorre la zona en pleno invierno. Mientras el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, visitaba Ceuta hace tres semanas, Mohamed VI inauguraba proyectos de desarrollo y de rehabilitación urbana justo del otro lado de la frontera, en Castillejos, Rincón, Xaouen y Tánger. La mayor obra de infraestructura de sus casi siete años de reinado es Tánger-Med, el nuevo puerto en construcción, situado más cerca de Ceuta que de la ciudad cuyo nombre lleva. El soberano mima el noroeste de Marruecos pero, probablemente por falta de medios, desatiende el noreste -Alhucemas y Nador-, que sigue sumido en el olvido.

“Aquella visita real al norte supuso el principio de la reconciliación” entre la monarquía y el Rif, sostiene el hijo de Abdelkrim. “A partir de entonces dejamos de ser considerados como acérrimos enemigos”, agrega. Pero la herida abierta por Hassan II no acaba todavía de cerrarse. Acaso por eso, porque la figura del histórico líder rifeño no ocupa aún un lugar suficientemente destacado en Marruecos, Jatabi prefiere que siga enterrado en Egipto.

La lentitud de la cicatrización la ilustra, por ejemplo, el informe final de la Instancia Equidad y Reconciliación, un organismo creado en 2004 por el monarca para investigar y tratar de reparar los abusos cometidos durante los llamados años de plomo, que coinciden, básicamente, con el reinado de Hassan II. Su labor sobre la represión en el Rif ha sido escasa en comparación con otras regiones, según denunciaron el mes pasado las tres principales ONG marroquíes de derechos humanos.

Más categóricas, varias asociaciones locales agrupadas en el Comité de la Declaración del Rif prometieron hace tres semanas en Alhucemas “dinamizar la lucha para que no se cierre la investigación sobre las graves violaciones de los derechos humanos” en la región. “Lo que aquí pasó no guarda relación con el resto del país”, subraya un joven militante. “El escarmiento fue colectivo: hubo pueblos arrasados, propiedades quemadas, mujeres violadas, y mis antepasados fueron bombardeados con napalm”.

La aspiración a una reparación por los sufrimientos pasados apenas está teñida, por ahora, de ese nacionalismo rifeño que tantas derrotas infligió al ejército español. Acaso la manifestación del 1 de mayo en Alhucemas, en la que un puñado de jóvenes corea eslóganes antimarroquíes, llame a engaño. Las élites ansían, en cambio, una autonomía como la que Rabat está preparando para el Sáhara Occidental. “La prolongada marginalización sí ha reforzado el sentimiento de pertenencia a una cultura específica que debería quedar reconocida mediante una autonomía”, apunta el escritor Chaoui.

Medio siglo después de la independencia, el Rif sigue siendo diferente del resto de Marruecos, y no sólo por su exigencia de desagravio. Está más densamente poblado (125 habitantes por kilómetros cuadrado); su crecimiento demográfico es más alto (2% anual); su población es más joven (el 50% tiene menos de 15 años); es más paupérrimo, aunque la economía sumergida mitiga la pobreza, y, sobre todo, es más rural. El 65% de los rifeños vive en el campo, 20 puntos más que la media marroquí.

No es que estén más apegados a la tierra, es que la tierra es más rentable. El 27% de su superficie agrícola (unas 134.000 hectáreas) está dedicado al cultivo de hachís, del que Marruecos es el primer exportador del mundo, según el informe que publicó en 2004 la agencia antidroga de la ONU.

La venta de la materia prima proporciona unos ingresos anuales de 214 millones de dólares a 96.000 familias de agricultores (unas 800.000 personas). De los 12.000 millones de dólares que genera el tráfico de esta droga, un tercio se queda también en manos marroquíes.

Fascinación por España

El Rif es también singular porque, a diferencia del centro y del sur de Marruecos, tiene la vista puesta en España y no en Francia. La fascinación por España ha crecido, a pesar del declive de la lengua española. Acaso sea porque los hazah (pelaos) de hace medio siglo viven ahora en lo que a sus ojos es un El Dorado. Casi idéntica a la marroquí en 1956, la renta per cápita española la cuadriplicaba ya en 1970. Hoy día la multiplica por 15. “El norte reitera que es pobre porque se compara con España, no con Marruecos”, resalta Driss Behima, hasta el miércoles director de la Agencia del Norte, que impulsa el desarrollo de esa zona.

Erradicado de la Administración, de los medios de comunicación y, en buena medida, de la enseñanza, el castellano se mantuvo hasta hace algo más de una década gracias a las televisiones españolas, más amenas que las soporíficas cadenas públicas marroquíes. Generaciones enteras de jóvenes rifeños aprendieron la lengua de Cervantes con Vamos a la cama o Verano azul, de Televisión Española.

Nadie en España se ha preocupado de averiguar cuál es la penetración de los medios audiovisuales españoles en el norte de Marruecos. Sí lo hizo en 2004 la consultora tunecina Sigma Conseil, que opera en todo el Magreb. El resultado es descorazonador. A principios de los años noventa, el 40% de los norteños seguía los canales españoles, pero ese porcentaje cayó al 15% y se concentra en los partidos de fútbol.

En las caferías de Alhucemas o de Nador, la televisión de referencia es ahora Al Yazira o alguna otra cadena árabe vía satélite. En radio, el panorama es aún peor; como en el resto de Marruecos, el Rif urbano sintoniza mayoritariamente Médi 1 y Sawa, la primera emisora pública francesa, y la segunda, norteamericana.

No son las ondas ni la ayuda al desarrollo -el 86% de los proyectos de la cooperación española se concentra en el norte- los que preservan la antigua potencia colonial. Son, por sorprendente que parezca, lo que los marroquíes llaman los enclaves ocupados. Melilla, con 65.000 habitantes, y Ceuta, con 75.000, son las auténticas capitales económicas del norte. La preponderancia de esta última está, sin embargo, amenazada por el resurgir de Tánger con su nuevo puerto.

Un dato ilustra el peso de las ciudades autónomas. La Cámara de Comercio Americana de Casablanca calcula que el contrabando genera 400.000 “empleos basura”, de los que 45.000 son directos y corresponden a los porteadores que sacan a diario mercancías, con frecuencia falsificaciones, de Ceuta y Melilla.

Esas exportaciones irregulares ascienden a unos mil millones de euros anuales, según Luis Carreira, consejero ceutí de Economía. Las estimaciones marroquíes oscilan entre 1.300 y 1.500 millones de euros, el equivalente de las ventas españolas a China y a Hong Kong.

El dinero de la droga transita, en parte, por los bancos de Marruecos, cuya deficiente reglamentación en materia de blanqueo permite dormir tranquilos a los narcos. Los depósitos de Nador, una ciudad de 120.000 habitantes, equivalen a los de Casablanca, con cerca de cinco millones. Pero los traficantes apenas invierten en su propio país. Intentan sacar a flote su dinero en España sorteando una legislación adversa.

Fue en Melilla donde la policía desmanteló, en noviembre, la mayor trama de blanqueo, cuyos tentáculos se extendían a Ceuta y Málaga. En el curso de la Operación Saco descubrió que, atendiendo órdenes dadas desde el Rif, se habían lavado al menos 350 millones de euros. Las autoridades marroquíes sostienen que narcotráfico, contrabando y emigración clandestina están estrechamente vinculados.

Efluvios tóxicos

“El cierre casi hermético al que están sometidas esas ciudades hace que sólo emanen de ellas efluvios tóxicos”, se lamenta Benhima. Aunque él no da el paso, otros funcionarios en la Administración marroquí abogan con discreción por cambiar la relación de Ceuta y Melilla con su entorno sin por eso renunciar a la reivindicación de soberanía. “De lo contrario veremos que las poderosas mafias locales se adueñarán de las nuevas oportunidades de negocio, empezando por el puerto de Tánger-Med”, advierte un ex alto cargo que conoce bien la zona.

En la corte real, donde se ejerce de verdad el poder, hay un auténtico empeño por colocar el norte al mismo nivel que las áreas más prósperas. Existe también el convencimiento que, desde la independencia, nunca hubo en España un Gobierno tan sensible a los intereses de Marruecos como el actual.

Por eso, una propuesta española para redefinir la relación de las ciudades autónomas con el antiguo protectorado, para que en lugar de contaminar sirvan de puntos de apoyo a su desarrollo -como lo fue Hong Kong para Shenzhen y Dongguang-, sería, como mínimo, estudiada con atención, indica una fuente cercana a palacio. A Rabat no ha llegado propuesta alguna.

La patronal ceutí pidió en otoño a la diplomacia española que abra negociaciones con Rabat para que la ciudad goce de una frontera comercial a través de la cual pueda exportar legalmente a Marruecos, algo imposible hoy día. El presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, se lo reiteró a Rodríguez Zapatero durante su visita, pero en el Ministerio de Exteriores aseguran no haber recibido tal solicitud.

La desaparición en 2010 de aranceles entre Marruecos y la Unión Europea y la apertura de Tánger-Med, que competirá con Ceuta, amenaza, teóricamente, al contrabando, el motor económico de ambas ciudades. De ahí la urgencia de disponer de una frontera comercial y de buscar fuentes alternativas de riqueza.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de febrero de 2006

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here