Abdelkrim: el ‘moro’ que cambió la historia de España

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Ligeramente estrábico, de inteligencia precoz, gran sentido de la diplomacia y extraordinaria capacidad para el trabajo. Es Abdelkrim El Jatabi (Axdir, 1880-El Cairo, 1963), más conocido por ser aquel ‘moro amigo’ de España quien años después lideraría la resistencia rifeña contra la ocupación española en Marruecos.

De él se hablaba en los años veinte, después su figura ha caído en el olvido. La historiadora María Rosa de Madariaga publica ‘Abd el-Krim El Jatabi. La lucha por la independencia’ (Alianza Editorial) para reivindicar su figura y romper mitos.

“Su papel para la historia de España y el mundo ha pasado inadvertido, pero es fundamental”. Según explica en una entrevista con ELMUNDO.es, es un precursor de los movimientos de liberación nacional de los pueblos colonizados después de la Segunda Guerra Mundial.

‘El mayor error de la percepción de España respecto a Abdelkrim es verlo como un jefe salvaje y cruel’

Explica que las derrotas militares llevaron a la dictadura de Primo de Rivera -para acallar las voces que pedían responsabilidades tras el ‘expediente del general Picasso’que daba cuenta de la incompetencia de los mandos españoles en la batalla de Annual-. De ahí vino la República -como oposición a la dictadura- e incluso la del general Francisco Franco, golpe orquestado por un grupo de militares ‘africano militaristas’ (de la Legión y los Regulares, cuerpos coloniales) reforzados justamente tras haber vencido al rifeño.

Ambición cultural

El magrebí, según relata De Madariaga, lo quería ver todo, estudiar todo, era muy inquieto. De ahí su ambición. Estudió en la Universidad de Al Qarawiyin (Fez), después se trasladó a Melilla y trabajó como periodista, profesor de una escuela de enseñanza primaria para hijos de marroquíes establecidos en la ciudad y fue juez.

Después, ejerció de intérprete de las Oficinas Indígenas, gracias a un puesto creado a su medida. Vivió la primera parte de su vida orientado al vecino del Norte, y la considerada como “traición” fue fruto del desencanto por las promesas incumplidas.

Abdelkrim pensaba -como su padre- que España, a la que la Conferencia de Algeciras había dado un papel predominante en la zona septentrional del país, podría contribuir mediante una importante ayuda económica y técnica al progreso del Rif.

Todo ello, en medio del ambiente convulso que vivía Marruecos en aquellos primeros años del Siglo XX, en el que había violentas reacciones contra el Majzén y los extranjeros, a los que se hacía responsables de todos los males que les aquejaban.

España ocupaba parte del norte, Francia iba sumando territorios en la región occidental a los que ya controlaba en la oriental �incluso tuvo que ceder parte del Congo a Alemania a cambio de que la dejara trabajar por sus intereses en la zona-.

La soledad del rifeño

Abdelkrim pagaba la enemistad de las gentes de su tribu, ayudó a los españoles en varias ocasiones en la organización de desembarcos militares –estaba de acuerdo con algún modo de ocupación pacífica– que después, por diversos motivos, no se realizaron. Pero él, se quedaba sólo ante el recelo, y a veces la violencia, de los suyos.

‘En España ha habido amnesia colectiva respecto a la huella de los árabes en general y de nuestra relación con Marruecos’.

Hasta que, frustrado, un día optó por ponerse al lado de aquellos que luchaban contra la ocupación extranjera, a pesar de que ideológicamente no estaba de acuerdo con parte de su argumento: no rechazaba la cultura occidental ni el progreso.

El libro no se olvida del lado humano del personaje, en el que la autora ha indagado de la mano de una de sus hijas, Aicha. Cuenta cómo fue su relación con ellos, con algunos, más intensa sólo durante su exilio en la Reunión y después en El Cairo.

Mentiras repetidas

La historiadora arremete contra quienes han escrito sobre el asunto sin hacer una investigación seria “han aportado algo, pero hay muchos que no han ido a las fuentes primarias, a los archivos. Nadie es perfecto, y es verdad que hace tiempo muchos documentos no se podían consultar, aún así no se debe repetir las cosas sin comprobarlas”, explica.

Uno de los ejemplos de esta deformación es la extendida historia de que el enfado de Abdelkrim hacia España se debió a que el general Fernández Silvestre, comandante general de Melilla, le había dado una bofetada. “No fue así”, aclara. Ella se ha metido a fondo en los documentos, de lo que da cuenta en el libro, en el que se reproducen decenas de ellos, como con él solicitó la nacionalidad española (lo hizo sin éxito en dos ocasiones).

“El mayor error de la percepción de España respecto a Abdelkrim es verlo como un jefe salvaje y cruel. Se le atribuyeron erróneamente las masacres de Monte Arruit, de Zeluán y Nador (regiones próximas a Melilla), sobre las que no tuvo responsabilidad directa”, asegura.

Además, critica que su historia sirvió para alimentar los prejuicios del imaginario colectivo de que los magrebíes son personas traicioneras. “En España ha habido amnesia colectiva respecto a la huella de los árabes en general y de nuestra relación con Marruecos”.

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