El olvidado Peñón de Alhucemas

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Buceando en la Historia de la Filatelia 053

Publicado en Revista de Filatelia (abril 2005)

Traigo hoy a esta sección una carta singular, por la rareza de su marca y sobre todo por el origen de la misma: Alhucemas.

Aunque sea habitual hablar de España como sinónimo del territorio peninsular más las islas de Baleares y Canarias, no podemos olvidar que una parte de nuestro territorio nacional, si bien de dimensiones muy reducidas, está situado en las costas del norte de África, al sur del mar de Alborán.

Ya desde el tiempo de los Reyes Católicos, España se dio importancia al norte de África como elemento estratégico en la lucha contra los piratas y para posibilitar el control del Mediterráneo

Aunque para muchos de los españoles sean algo desconocido, además de Ceuta y Merlilla, el islote de Perejil, el Peñón de Vélez de la Gomera, las islas de Alhucemas (Peñón de Alhucemas, isla de Mar Adentro e isla de Tierra) y las islas Chafarinas (la del Congreso, la isla de Isabel II y la del Rey) son España, y a diferencia de otros lugares que nos han pertenecido con carácter colonial, no se tratan de posesiones sino de territorio español incluso anteriores a que Navarra perteneciera a España.

El conjunto de todos estos territorios no alcanza los tres kilómetros cuadrados y constituyen lo que han venido en llamarse en relación a Ceuta y Melilla, las Plazas Menores de Soberanía. Aunque su naturaleza militar y al mismo tiempo el hecho de haber albergado prisiones (salvo Perejil), ha llevado a denominarlas “Presidios”. Hemos de recordar que en el pasado “presidio” no era sólo sinónimos de reclusión, penal o encarcelamiento, sino que este término designaba a los puestos militares que se mantenían en las zonas fronterizas.

Fig. 1 Enclaves españoles en el norte de Africa


Como prisiones sirvieron para que en ellas fueran deportados penados no sólo de la península sino también de América como nos recuerda en “Azúcar y abolición”, para Cuba, Raul Cepero Bonilla cuando cita la norma: Que ningún individuo de raza africana, varón o hembra, libre o esclavo, que saliese de Cuba por cualquier motivo, jamás pudiese volver a ella. 2. Que todo delincuente de raza africana libre, que no fuese condenado a muerte, purgase su pena, no en Cuba, sino en los presidios de España y África y acaso con mas provecho en Fernando Poo, pues debemos recordar que con delincuentes formó Inglaterra las magníficas colonias que posee en Australia”.

Es cierto que en la actualidad, carentes de esas prisiones, lejos de las rutas de tráfico marítimo y dadas sus pequeñas dimensiones ha languidecido la importancia de otras épocas y quedado reducidas a albergar pequeñas guarniciones militares que las custodian. Ya no hay civiles que las pueblen y tan solo son visitados ocasionalmente por pescadores que buscan refugio de los temporales que azotan el estrecho o recurren a la ayuda de los militares que en ellas se encuentran destinados. Pero en otros tiempos gozaron de una relevancia muy superior a la que por su extensión se pudiera presumir y tuvieron una población estable.

Estos lugares nunca se integraron en el que, desde 1912, fuera el Protectorado Español de Marruecos. Por ello, cuando en 1956 se constituyó el Reino Independiente de Marruecos,  esos territorios permanecieron, al igual que los últimos cuatro siglos, como plazas de soberanía española dependientes de las de Ceuta y Melilla, separadas por el mar de Alborán de las costas peninsulares.

Perejil.

Este islote, más que isla, perteneció desde 1415 a Portugal y, lo mismo que Ceuta, quedó integrada a España cuando Portugal se separó en 1581. El tratado hispano-portugués de 1668 ratificó la pertenencia a España de Ceuta y Perejil.

Fig. 2 La isla de Perejil

Durante la guerra permaneció sin ocupar hasta que en 1779 el gobernador de Ceuta, a la sazón el general Orcasitas, mandó su reconocimiento militar. Debe su nombre a que entre sus rocas apenas crece otro tipo de planta que el perejil.

En época napoleónica la guarnición española se vio reforzada por tropas inglesas para la vigilancia de los buques franceses. Los soldados ingleses abandonaron el lugar en 1813 a petición de Fernando VII.

Pretendió Estados Unidos establecer allí, en 1836, una estación carbonera, pero no pudo llevarse a cabo la instalación por el veto inglés al proyecto.

De nuevo deshabitada permanece así en la actualidad salvo que en 1848 el Gobierno reforzó su guarnición ante las belicosas acciones de los nativos de la cabila.

Peñón de Vélez de la Gomera

Fig. 3 Vista del Peñón de Vélez con el istmo de arena que le une al continente en primer plano.

Fue conquistado en tiempos de Fernando el Católico en 1508, once años después de Melilla, por Pedro Navarro y desde entonces es español. Se trata de un pequeño islote de aspecto piramidal por sus 77 metros de altura por 200 de base, que únicamente posee un fuerte que fuera prisión y una iglesia. Está situado a menos de 100 metros de la costa marroquí. Hoy en día solo alberga a una guarnición militar española de treinta soldados y carece de población civil.

Un tremendo temporal en 1934 creó un istmo de arena que le mantiene, desde entonces, unido a la costa.

Tras sucesivos enfrentamientos y asedios, el peñón volvió a poder árabe en 1522. Tres años más tarde fracasó un intento de reconquista llevado a cabo por 1.500 soldados españoles. Felipe II logró por fin su reconquista en 1564 tras formar un cruzada con el Papa, los Doria, Malta y Toscana que formaron un ejército con un total de 9.200 soldados, 93 galeras y 63 buques menores. Desde esa fecha se ha mantenido en poder de España.

El valor e importancia estratégica del lugar ha cambiado notablemente con el transcurso del tiempo y, así, las Cortes de 1872 llegaron a proponer su abandono “por carecer de importancia militar”.

Islas Chafarinas

Fig. 4 Vista aérea de las Islas Chafarinas


Por lo que se refiere a las islas Chafarinas (en árabe Zaffarinas o Xaferín) se trata de un antiguo refugio de piratas formado por tres islas. Se encuentran a menos de cuatro kilómetros de la costa marroquí y a unas 27 millas al este de Melilla, es decir, muy próximas a la frontera argelina. Tienen una extensión en su conjunto de 0,7 kilómetros cuadrados.

Aunque la isla mayor es la del Congreso, la única habitada es la isla central, la de Isabel II. Está ocupada desde 1848 y mantiene una guarnición militar. Tiene un pequeño pe fácilmente accesible puerto.

El único habitante indígena es Peluso que ha pasado por ser el único ejemplar de foca monje por lo que recibe los máximos cuidados de los soldados (una treintena) que conforman la guarnición militar.

Son conocidas desde tiempos del Imperio Romano que las bautizaron con el nombre de “Tres Insulae”, pero nunca pertenecieron a nadie hasta que el 6 de enero de 1848 el futuro general Serrano tomó posesión de ellas pocas horas antes de que los franceses pretendieran hacer lo mismo, acabando por tener que reconocer finalmente los derechos de los españoles.

Casi desde un principio se instaló allí un presidio.

El archipiélago es de una gran riqueza ecológica por lo que  fue declarado “Refugio Nacional de Caza” en 1979, y más tarde Zona de Especial Protección para las Aves.

ALHUCEMAS

Fig. 5 El fortificado Peñón de Alhucemas.

Alhucemas es una población marroquí situada en el centro de la bahía del mismo nombre. Goza de unas excelentes playas que hace sea frecuentada por el turismo. Se halla entre Ceuta y Melilla; a unos 150 km. en línea recta al este de la primera y a unos 100 km. al oeste de Melilla.

La actual población tiene su origen en la fundación de Villa Sanjurjo tras el desembarco de las tropas españolas en aquella costa en 1925 con motivo de la guerra del Rif, en honor a uno de sus protagonistas, el general José Sanjurjo. Durante la República tomó el nombre de Villa Alhucemas derivado del nombre árabe de un antiguo asentamiento existente en ese lugar en el siglo XVII: “Al-Hoceima”. Durante la dictadura del general Franco tornó a llamarse de nuevo Villa Sanjurjo y, desde que Maruecos alcanzó su independencia en 1956 se denomina Alhucemas o Alhoceima.

El 13 de septiembre de 1923 el General Primo de Rivera se sublevó contra el Gobierno de Madrid presidido por García Prieto, un golpe que contó con el beneplácito y pleno consentimiento del rey Alfonso XIII. Su gran acierto fue el desembarco de Alhucemas en diciembre de 1925, en una operación militar  conjunta hispano-francesa que conduciría al fin de la guerra de Marruecos y le reportó un gran prestigio que le convirtió en el pacificador. Gracias a este éxito logró implantar el Directorio Civil que institucionalizaría su régimen dictatorial.

Los extremos de la bahía de Alhucemas están formados por el Cabo Quilates y Morro Nuevo. En privilegiada posición para la vigilancia de la bahía y a unos 400 metros de la costa encontramos el Peñón de Alhucemas flanqueado por dos islotes, que apenas son meras rocas con escasa vegetación:  el de Tierra (más próximo a tierra firme) y el de Mar (más alejado). El Peñón, que había sido ocupado temporalmente por España desde 1560 en que el sultán Muley Abdalá el Galib Billah las cedió a Felipe II para su lucha contra los piratas berberiscos, fue conquistado el 28 de agosto de 1673 por el conde de Montesacro, durante la minoría de edad de Carlos II para evitar el asentamiento en él de piratas que desde allí asolaban las costas andaluzas.

El Peñón mantiene su condición de islote con menos de un kilómetro y medio de superficie. Hoy sólo está habitado por miembros de una guarnición española y es el punto de arranque de cables submarinos que enlazan con Melilla, Ceuta y la península. Sus apretadas y fortificadas edificaciones le hacen aparecer en medio de la bahía como un buque anclado que vigilara la zona.

De la antigua iglesia dedicada a San Agustín y a San Carlos en honor a los nombre de los dos barcos con los que el conde de Montesacro acudió a ocupar la isla, sólo queda hoy la denominada torre de Alhucemas desde la que se divisa una espectacular vista de la bahía.

Todavía pueden contemplarse los antiguos calabozos y hacer un recorrido por las galerías subterráneas, una de las cuales conduce al cementerio del peñón (la “pulpera”), situado sobre una pequeña roca y que se llega a través de una pasarela que las olas superan con gran facilidad a la que el mar se agita lo más mínimo. Los nichos escavados en la roca nos recuerdan la existencia de los antiguos moradores.

Fig. 6 Carta de 1797 con la primera marca postal conocida de Melilla

Regresando a la pieza que motiva este escrito, se trata de una la de un penado en el presidio que está dirigido al embajador francés en Madrid. Está fechada en “Alhuzemas” el 15 de diciembre de 1797. González Ponce nos indica que era una cartería dependiente de la administración de Málaga, lo que no es del todo exacto. Como vemos la carta lleva la marca ÁFRICA lineal en rojo correspondiente a MELILLA y ésta sí que era dependiente directamente de la de Málaga como dice en una carta que obra en nuestro poder, fechada el 20 de agosto de 1830, Francisco Cortés por aquel entonces administrador de la Estafeta de Melilla: “la estafeta de mi cargo, situada en el África, es por sí sola dependiente de la Caja General de la Provincia de Málaga, sus correos sujetos a los tiempos como Plaza ultramarina sin caminos terrestres, se halla retirada de su Pral. 45 a 48 leguas por mar; la salida y entrada de correos son según los tiempos y no tiene ni día ni hora prefijada” .

Fig. 7 Primera página del texto interior-

Esto contrasta con el informe que por las mismas fechas efectúa el Administrador de Correos de Ceuta y que en carta del 17 de agosto del mismo año 1830 afirma: “Los Correos salen de aquí los Domingos y Miércoles al amanecer y entran Lunes y Jueves sin que pueda fijarse la hora, pues como vienen embarcados desde Algeciras varían estas en proporción al temporal que reina”. El propio administrador informa: “esta Administración de mi cargo dista de la pral. de Ecija (a donde se halla agregada) 32 leguas, las primeras 27 por tierra hasta Algeciras, y las 5 restantes de mar hasta esta plaza; y que no tiene agregados  ningún pueblo, caserío ni cortijo, puesto que está reducida a sólo el recinto de la plaza y su Presidio”

Fig. 8 Sobrescrito con la primera marca postal “Đ Zeuta”, primera marca postal de Ceuta y de África. Porteo mns. “Medio Real”

La diferente importancia que tenían Melilla y Ceuta hace que no nos deba extrañar que la una tuviera correos fijos y la otra sólo esporádicamente. Ceuta era Administración Subalterna con una población de 9.250 habitantes en 1855, mientras Melilla, también Administración Subalterna tenía escasamente 2.500 habitantes y muchísimo menor tráfico comercial. De ahí que las piezas de Historia Postal anteriores a 1860 procedentes de Melilla sean muchísimo más escasas que las de Ceuta.

Autor: (Barcelona 1947) Licenciado en Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales (Barcelona 1973). Miembro de la Asociación Internacional de Expertos Filatélicos (AIEP) y de la Royal Philatelic Society of London. Académico de la Real Academia Hispánica de Filatelia desde 1982 hasta su renuncia en 2016.

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