ENTRE EL ORGULLO Y EL OLVIDO RIFEÑO

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ENTRE EL ORGULLO Y EL OLVIDO RIFEÑO

Actualizado 28/02/2004 – 03:00:01
El Rif es una región inhóspita y abrupta que conocemos bien los españoles. En este arco roqueño que recorre casi trescientos kilómetros de la costa norte de Marruecos, España ha estado presente desde que en 1497 Pedro de Estopiñán conquistó Melilla para la Casa de Medinasidonia. En realidad, las conexiones con las península ibérica son muy anteriores. De hecho, si Fernand Braudel demostró que el Mediterráneo constituye un escenario geográfico propio surcado por coordenadas de muy diversa naturaleza que lo unifican históricamente de norte a sur y de este a oeste, la región rifeña bien podría definirse como un espejo que duplica en buena medida la imagen norteña peninsular.
Aislada físicamente del resto de Marruecos por dos cadenas montañosas que costuran la región longitudinalmente y habitada por pueblos de lengua y cultura bereber, el Rif ha sido siempre un territorio singular, dotado de un perfil y sabor autóctonos muy marcados cultural y étnicamente. El orgullo indómito de sus moradores ha sido históricamente constatado en su pellejo por todos los que han cometido la osadía de aventurarse con vocación conquistadora por sus valles.
Desde que en 1668 Felipe IV tomó Al Hoceima y la rebautizó como Alhucemas como parte de una estrategia defensiva frente a las acciones de piratería bereber, España no ocultó su intención de controlar la zona, hecho que trató de elevar a práctica colonial cuando convirtió la región en parte de su Protectorado en Marruecos. El balance conflictivo de la ocupación marcó buena parte del reinado de Alfonso XIII, concluyendo en 1925 con el desembarco de Alhucemas que puso fin a la resistencia de las cavilas rifeñas acaudilladas por el famoso Abd El-Krim.
Sin embargo, la singularidad rifeña subsistió a la independencia de Marruecos. La rebelión del Rif de 1956 se produjo como reacción al recelo tradicional que los bereberes rifeños sentían hacia la Corte de Fez y Marrakech. No en balde, hubo un efímero emirato de Nekor en la zona varios siglos atrás. La rebeldía rifeña tuvo su castigo de la mano del propio Hasán II quien, siendo todavía Príncipe heredero, condujo junto al general Ufkir la represión que concluyó brutalmente en 1958. Desde entonces el Rif fue sumido en el olvido de una marginación económica y social que llega hasta hoy en día.
De hecho, el padre de Mohamed VI no lo visitó nunca y, por lo visto, el castigo regio parece seguir proyectando sus sombras después de la muerte del ofendido.

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