La muerte del vendedor de pescado que enciende Alhucemas

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Mohcine Fikri con su pescado en el puerto de Alhucemas. CRÓNICA

Mohcine es como un vendedor tunecino que prendió la llama de la revolución. Le aplastó un camión cuando peleaba por recuperar 500 kg de pez espada

“Queremos saber quién mató”, claman sus defensores. La ola de solidaridad de ha extendido a Madrid y París

 ISAAC J. MARTÍN Alhucemas

Con los 31 años recién cumplidos, la vida de Mohcine Fikri se detuvo el pasado 28 de octubre en Alhucemas, una ciudad al norte de Marruecos. Una vida que quedó aplastada y triturada por un camión de basura. Se atrincheró junto a dos hombres más en el vehículo para recuperar la mercancía que le había sido requisada. Pero el conductor presionó el botón que activó el mecanismo para destruir los 500 kilos de pez espada que llevaba consigo para vender. Sus compañeros consiguieron salir y se salvaron. Mohcine, no.

Nació en Imzouren, una ciudad que se encuentra a tan sólo 14 kilómetros al sur de Alhucemas. Creció en una familia de 10 hermanos que apenas podía vivir gracias a los ingresos del padre, uno de los maestros de la ciudad. Un hombre sencillo de la vieja escuela. Mohcine era el sexto de sus hermanos. El más feliz y optimista de todos, como cuenta su primo Alae en una carta. Compartió muchos momentos con su madre Jadiya, una mujer que se dedicó únicamente al hogar. Era analfabeta y nunca consiguió leer ni una letra, aunque intentara por todos los medios aprender.

Su familia lo empeñó todo para que sus dos hermanos mayores estudiaran en la universidad. Por eso, Mohcine tuvo que dejar los estudios y no obtuvo ni el diploma de secundaria. Su padre no estaba de acuerdo, pero era lo mejor si la familia quería seguir subsistiendo cada día. Era un buscavidas, soltero y apenas conocido. Pero ahora su rostro se ha convertido en el símbolo del despertar de la antigua Primavera Árabe marroquí.

El paralelismo con Mohamed Bouazizi, el mercader ambulante que prendió la llama de la revolución en Túnez, es inevitable. Bouazizi se ganaba la vida vendiendo fruta en las calles de la ciudad tunecina de Sidi Bouzid. Cuando le confiscaron la mercancía, decidió inmolarse como medida de desesperación y acabó muriendo dos semanas después, lo que provocó una ola masiva de protestas que consiguió derrocar las dictaduras más vetustas en algunos países del norte de África.

Mohcine pidió a otra persona que transportara esa mercancía en un vehículo que no pasó los controles portuarios y un miembro de seguridad fue quien le detuvo. El veterinario se encargó de mandar a destruirlo, de acuerdo con los datos revelados por el fiscal general que lleva la investigación, enviado por el propio monarca de Marruecos.

Esta pesca está prohibida durante el periodo del 1 de octubre al 30 de noviembre de cada año, en virtud de una disposición del Ministerio de Agricultura y Pesca. Pero como asevera en un vídeo el presidente de la asociación de pescadores del puerto de Alhucemas, Abdelkader Dajmán, el pez espada “no ha sido pescado de manera ilegal ni ha sido robado”. Y acusa directamente al jefe de la pesca del puerto: “Sí, él ha dicho que la pesca de esta especie es ilegal pero no nos ha informado de ello. Ni hay ningún cartel ni ninguna señal para señalar esta prohibición. (…) Somos los olvidados de la ley marroquí“.

“Ese viernes por la noche cuando mataron a Mohcine nos quedamos todos consternados. Salimos para manifestarnos delante de la comisaría central de la ciudad. Gritábamos: “Criminales, asesinos, terroristas“. La gente quiere a los asesinos del mártir. Queremos saber quién mató a Mohcine para llevarlo a la justicia”, cuenta a Crónica Mohamed El Yajlufi, presidente del círculo amazigh para la integración y militante en Alhucemas.

Con el reinado de Hassan II, la zona del Rif se convirtió en la gran aislada y olvidada. Sin embargo, Mohamed VI se ha acercado cada vez más para tratar de relanzarla. Med Ziani, nacido en esa ciudad rifeña y residente en Madrid, asegura que es “un pueblo que lleva arrastrando a sus espaldas una memoria común cargada de injusticias desde la independencia“, a lo que habría que sumar “el monstruoso paro y las graves deficiencias en la sanidad, incluso los activos culturales del Rif se sienten excluidos de los medios de comunicación del país”. La muerte trágica de Mohcine “viene después de otros sucesos similares donde se viene ejerciendo una opresión por parte de las autoridades en todo Marruecos“, confiesa este cantante y productor musical.

El día gris en Alhucemas no detuvo a los mil manifestantes. A las cinco de la tarde de este viernes se reunieron en la Plaza Mohamed VI. Ha pasado sólo una semana de la muerte y el recuerdo sigue latente entre sus gritos, lo que convierte a Mohcine en el mártir del Rif. Pero, insisten ellos, estas “marchas de la ira” son pacíficas.

Así ocurrió el domingo pasado. Miles de personas marcharon también por las calles de las principales ciudades de Marruecos. “La excepción esta vez es la solidaridad de las demás ciudades marroquíes y el ambiente organizado y pacífico en el que se han desarrollado las manifestaciones”, asegura Ziani.

Gritaban que “Sidi Bouzid no estaba lejos de Alhucemas”. El recuerdo al comienzo de la Primavera Árabe se sentía entre los alaridos de ira. Banderas del movimiento 20 de Febrero, creado a partir de esta revolución, se enarbolaban de nuevo. Desde 2011 no se había visto otra manifestación igual y tan numerosa en la que las banderas del pueblo amazigh y la marroquí se entremezclaban para criticar al Gobierno. Para criticar las injusticias, contra la “hogra“, un término utilizado para mostrar ese sentimiento de ser un ciudadano injustamente tratado y vejado por el Estado.

“Las personas se reunieron de forma espontánea para apoyar a la familia de Fikri, pero también para expresar su rechazo a la injusticia. Fue nuestro momento para reclamar el derecho de vivir en un Estado que respete a todos los ciudadanos. El hecho de que continúen dependerá del grado de transparencia de la investigación”, asegura Nada El Harif, jurista y fundadora del movimiento Clarté-Ambition-Courage y participante de la marcha en Casablanca.

“Hay mucho parecido entre las manifestaciones que sucedieron en Marruecos en la Primavera Árabe y ahora con Mohcine Fikri. Los manifestantes piden dignidad, justicia social e igualmente, acabar con toda forma de corrupción y transgresión de los derechos humanos”, comenta Ismael Bakkar, militante del movimiento 20 de Febrero y coordinador del Movimiento Alternativo por las Libertades Individuales en Marruecos.

Otras ciudades europeas también se hicieron eco de esta trágica historia, como Madrid, Barcelona, Bruselas y París. En la capital francesa, Hicham Tahir acudió a la embajada de Marruecos para grabar un documental que pronto saldrá a la luz: “Había un gran ambiente de solidaridad. Un grito de rabia realizado por centenares de manifestantes, lejos de su país de origen, para decir todos unidos: Ya basta”.

Sin embargo, tal y como pasó con la Primavera Árabe en Marruecos, donde las protestas quedaron mitigadas por una reforma constitucional que realizó el rey Mohamed VI pocos meses después, las marchas reavivadas pueden tener las horas contadas. “No te oculto que estas manifestaciones son inéditas y sin precedentes desde la Primavera Árabe, pero pienso que esta magnitud va a atenuarse pronto”, añade Bakkar. “Cuando vemos todo lo que pasa en Marruecos estos últimos años, me digo a mí mismo que tenemos la tendencia a pasar rápido a otra cosa. Odiamos, lloramos, gritamos… y olvidamos“, dice Tahir.

El desempleo y la difícil situación económica hicieron que Mohcine pidiera un préstamo para comprarse un Mercedes 310 y se pusiera a trabajar como transportista, sobre todo de pescado “pero también de ganado, verduras, dulces, personas… todo lo que se podía transportar, excepto drogas y bombas”, escribe su primo. La desesperación y la miseria empujaron a Mohcine a luchar por un pan para el día siguiente. Una batalla que ha perdido pero que ha logrado despertar un espíritu de lucha en un pueblo que no consigue rebelarse.

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