LTY.- El miedo al islam, ¿se acabará convirtiendo en un comportamiento cultural en Francia? Esto es el titular que el periódico semanal árabe Al-Jabar publicaba tras una entrevista con un propagador de la palabra “islamofobia”, Vincent Geisser, que quería confundir a los lectores al dar una imagen distorsionada de la situación de los musulmanes en Francia ¡como si este país se hubiera convertido en su tumba!. Miedo patológico, afirmaban entrevistador y entrevistado.

No es creíble que en Francia las personas normalmente constituidas odien a los musulmanes simplemente porque son musulmanes o al islam como religión individual. Incluso la minoría racista no se atreve a expresar públicamente su odio hacia los demás. Las leyes están en alerta y los racistas son castigados por los tribunales, vilipendiados por los medios de comunicación y vomitados por la sociedad.

Sin embargo, sus homólogos en las tierras musulmanas están como peces en el agua. Más aún, no sólo tratan a las personas que no son musulmanes como infieles y enemigos de Alá, sino que llaman con total impunidad a exterminarles de la faz de la Tierra. Y esto a la vista de todo el mundo y en los sermones oficiales del viernes transmitidos por la televisión estatal. No es de extrañar, por lo tanto, que durante la misa en la Nochebuena de 2011, los musulmanes nigerianos hayan asesinado a 40 fieles. La secta salafista “Boko Haram”(*) quiere obligar a los cristianos a abandonar el país de mayoría musulmana del norte. Una violencia similar también se lleva a cabo en Egipto contra los coptos, Irak y otros países musulmanes, donde aún sobreviven importantes comunidades cristianas.

Si los racistas occidentales esconden su odio por miedo a la ley y al buenismo imperante, sus equivalentes musulmanes no temen ni la ley ni el ridículo ni a sus correligionarios adheridos teológicamente a su causa. Ellos avanzan a cara descubierta. Repitámoslo: sería suficiente para los occidentales que abrieran los ojos a todo lo que se dice sobre ellos, y a los adjetivos con que se les llama en los libros de los musulmanes, para volverse totalmente hostiles al mundo islámico. El respeto exigido por los musulmanes no es en absoluto recíproco. En Aljazeera, delante de millones de televidentes árabes, un predicador saudí dijo, como conclusión a una serie de conferencias sobre el islam dadas durante más de cuatro meses en Europa: “La civilización occidental en su conjunto no vale una sola mota de polvo en el zapato de nuestro profeta Mohamed”.

El islam es una ideología religiosa y política, no limitada a una raza concreta, por lo que su rechazo jamás debe ser considerado como racismo. En el caso de los musulmanes sucede exactamente lo mismo: rechazan a los infieles, a los no musulmanes, independientemente de su raza.

Pero el fondo del artículo es lo que importa: que mientras en Europa se persigue con saña a quienes se oponen a que la ideología islámica aniquile la civilización occidental, en los países islámicos se llama desde todos los medios posibles a eliminar al infiel. ¿No estamos en una clara desventaja?

(*) Boko Haram significa “La educación occidental es un sacrilegio”

 

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