Atentado en Alhucemas

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José Luis Navazo (ELPUEBLODECEUTA.ES)

Ya sé que debería haberlo escrito entrecomillado, “atentado”, pero claro entonces no tendría la misma fuerza expresiva. Matizando pues que es gerundio. Si hay crímenes sin sangre que no están en el código, éste es uno de ellos: el brutal impacto ecológico, un atentado ambiental sin duda, de la mole hotelera en avanzado estado de construcción que ocupa y desplaza la dorada arena de Cala Quemado, en Alhucemas, salta a la vista. De poco sirven las cuidadas terrazas escalonadas de geranios, ni las fuentes multicolores que ambientan, en la remozada plaza Mohamed VI sita más arriba, el paisaje urbano. Después del terremoto que sacudió esta agreste y bella tierra algo ha ido cambiando, modernizándose la comarca, por lo que atentados ecológicos como el citado, este monstruoso hotel que destroza la cala y su playa son a estas alturas incomprensibles. Desde Melilla y por la Rocade Mediterránea, venir hasta Alhucemas es hoy un bello paseo, atrás quedan los tiempos de la tortuosa carretera por Casita; y desde Tetuán, a través de la nueva vía a través de Oued Laou, Targha, M´ter, Yebha (antiguo Puerto Capaz), Punta Pescadores y Badis (antigua Torres de Alcalá), son solo tres horas si no se entretiene uno. Todo cambia y nada permanece. Hasta la tradicional cajetilla de cigarros “Marquise” ha suprimido su popular “Carpe dien” (Vive al día) por la conocida advertencia “Fumer tue” (Fumar mata).

Y en la luminosa tierra de la lavanda, en plena bahía de Alhucemas, el Peñón flameando la bandera roja y gualda. Ayer sábado la playa de Sfiha, sita a su frente, amanecía entre la calima desierta y tranquila. Después del último intento de entrada masiva de subsaharianos de este verano se han reforzado los puesto de vigilancia: España ha destacado un pequeño pelotón en la Isla de Tierra, al abrigo de una tienda de campaña camuflada en la misma, mientras que Marruecos ha ampliado las dotaciones de la Gendarmería y la Marina Real (hay dos puestos en la playa) en el acceso, además de al menos una zodiac patrullando las aguas. El acoso subsahariano no debería de habernos pillado de sorpresa: ya hace unos meses, un grupo de ellos abandonaron la “patera” y apoyados en rústicos flotadores (botellas de plástico llenas de aire envueltas en bolsas) lograron acceder al mismo Peñón, siendo trasladados posteriormente a Melilla.

Un ocupado fin de semana en pleno corazón del Rif, la verdad. Comentando la sorpresa que me produjo el comprobar que la famosa tribu de los Beni Urriaguel no alumbraron solo reputados guerreros como Mohamed Ben Abdelkim el Jatabi, sino alimañas ideológicas como el presunto jeque Hamdouchi, uno de los padres del islamismo yihadista y que logró camuflarse para, antes del verano como les comenté en su momento, pronunciar la “jotba” de los viernes en una mezquita de Ceuta. Manda huevos. Sí, del cáncer del islamismo radical también hablé, el viernes en Alhucemas y en una amena conversación de varias horas, con el populista político Yahya Yahya, senador, alcalde de Beni Ensar y Farhana, además de mentor y cabeza visible del Comité de Coordinación para la Liberación de Ceuta, Melilla y los Peñones. Yahya Yahya, a lo largo de una entrevista franca y densa (“la primera vez que recibo en persona y tanto tiempo a alguien de la prensa”, me señala) afirma continuidad en sus acciones reivindicativas, “siempre de forma responsable y pacífica, hay unos límites. Por eso nuestra gente, voluntarios todos y mayores de edad, fueron de día y en bañador, para que la guarnición de Vélez de la Gomera viera que no llevaban armas. No buscamos ninguna desgracia personal, solo reivindicar cada vez con más fuerza los territorios ocupados por España”. Justo todo poco antes de la Reunión de Alto Nivel (RAN). ¿Casualidad o causalidad…?. Ustedes mismos. Visto.

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