CRISTIANOS SALEN DE LA CLANDESTINIDAD EN MARRUECOS

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El encuentro tiene lugar en un sitio público. “Nuestro gobierno reconoce que hay 150.000 cristianos, pero nosotros decimos que podríamos llegar al millón. No hay un rincón del país donde no haya al menos un cristiano; en algunos casos son varios en una misma familia pero no se dan conocer entre ellos. El día que cambien las leyes y tengamos garantizada la libertad religiosa, todos saldrán a la luz y se sabrá que somos muchos”, afirma Mustafa (cuyo apellido omite por respeto a su familia que no quiere verse involucrada), un líder cristiano del sur de Marruecos.

La historia de este hombre de 46 años es singular. Se convirtió a Cristo en 1994 luego de varios años de búsqueda espiritual. Pertenece a una familia muy conocida y respetada en la ciudad. Sus antepasados eran imanes y su padre deseaba que él siguiera el mismo camino, por eso desde los cinco años lo llevó a la mezquita a estudiar el Corán. “Cuando tenía siete años el imán estaba explicando la historia de los profetas y al llegar a Jesús yo escuché con atención y luego le pregunté: ¿Podemos decir que Jesús es el Hijo de Dios? Él respondió: No, nosotros no lo decimos. Esas palabras son de los cristianos. No quiero escucharte decir eso otra vez!”, recuerda Mustafa.

Al concluir la escuela primaria, su padre no le permitió ingresar al siguiente nivel, en cambio lo envió a un centro islámico muy reconocido en todo el mundo musulmán (donde han estudiado personas que llegaron a ser presidentes de países como Senegal y Costa de Marfil). Pronto Mustafa fue contactado por un grupo de islamistas. “Me invitaron a trabajar en su movimiento. Fui muy activo y cuando vieron mi potencial me llevaron a una escuela de líderes. Luego de seis meses de estudios me dieron la responsabilidad sobre la zona sur de Marruecos”.

LA BÚSQUEDA

La oportunidad de estudiar a fondo el islam permitió a nuestro entrevistado conocer detalles que no le gustaron. “Yo estaba en una búsqueda de Dios, hacía todas las cosas que pide el islam -rezar cinco veces por día, ayunar el mes de Ramadán, etc.- pero no sentía que Dios llenara mi corazón. ¡Necesitaba algo más! Cuanto más estudiaba, más percibía contradicciones e incluso mentiras, entonces decidí buscar en el cristianismo y otras religiones”, relata.

Mustafa conversaba mucho con su profesor y le hacía preguntas. “Un día él me dijo: Hablas mucho de Jesús, yo voy a darte la dirección de una escuela en España para que tú les escribas. Seguramente creía que yo escribiría en contra del cristianismo. Contacté con esta escuela y comencé a recibir libros y lecciones bíblicas. Cuanto más leía, más claro veía que el islam no es una religión de Dios”.

Llegó el momento en que tuvo que enfrentar la verdad. “Sabía que en el islam no está la verdad, pero no sabía qué hacer. Es muy difícil salir del islam. Decidí orar a Dios directamente, sin islam y sin cristianismo. Simplemente dije: Dios tú me creaste, dime por dónde debo seguir. Oraba así hasta que un día vino a mi mente esta idea: Ora en el nombre de Jesús. Lo hice y una gran frescura llenó mi corazón. En ese momento decidí ser cristiano y mi vida se llenó de plenitud. Habían transcurridos seis años de búsqueda, estudiando y comparando el Corán y la Biblia”.

NO ERA EL ÚNICO

Cuando comunicó a su familia que creía en Jesucristo fue rechazado, le dijeron que ya no pertenecía a la familia. Pensó que era el único cristiano en Marruecos hasta que un año después de haber declarado su fe a los hermanos de la escuela de España, le llegó una carta de invitación para una celebración de Navidad en una ciudad cercana. Al llegar al lugar se encontró con otros 30 marroquíes cristianos.

En el año 2000 fue a Rabat para hacer un curso que duró tres años y durante ese tiempo se reunió con una comunidad cristiana, es decir una iglesia de casa. Al regresar a su ciudad natal llevaba la idea de fundar una iglesia. “Hablé con los cristianos que conocía y me dijeron que estaba loco. Vas a hacer una iglesia en el corazón del islam?, decían. Comencé a hacer reuniones en mi casa. Cuando el grupo creció nos íbamos a la montaña el sábado y regresábamos el domingo. Éramos dieciocho personas. En el 2005 seguíamos siendo dieciocho y me pregunté qué estaba pasando, por qué la Palabra no llegaba a otros. Decidimos salir, no quedarnos encerrados. No podemos entregar biblias pero nosotros mismos somos una Biblia y reflejamos el amor de Dios. Comenzamos a hacer relaciones y ayudar a la gente, y la gente comenzó a querernos”.

No fue fácil. “Grupos islámicos quisieron detenernos, pero no lo han logrado. Vivimos cosas muy fuertes, los salafistas intentaron quitarnos nuestros hijos. En medio de todo esto, siempre hemos visto la protección de Dios”, afirma.

UN PASO MÁS

En el 2016, él y otros líderes decidieron darse a conocer como cristianos para representar a los demás en el reclamo de sus derechos. “Siete de nosotros salimos del anonimato confiando en que Dios nos protegería. Llegamos a los medios de comunicación, televisión, periódicos, medios digitales. Es la primera vez que cristianos que viven en el país dan la cara”, dice.

El mensaje que llevan a los medios es: “Somos marroquíes y somos cristianos. Antes de ser cristianos ya éramos marroquíes, y lo seguimos siendo, vestimos chilaba, tenemos nuestra carta de identidad, no hemos cambiado nuestro nombre y seguimos comiendo cuscus”. De esta manera buscan un cambio de mentalidad en la población en general: Ser marroquí no implica necesariamente ser musulmán.

La decisión está tomada. “Creemos que Dios puede hacer muchos cambios en el mundo con una sola persona. Él nos dice: Sólo comiencen. Yo los voy a ayudar pero hay una condición: comiencen, toquen la puerta, y yo les voy a abrir”, afirma Mustafa, quien en enero último fue entrevistado por el periódico Alayam (www.alayam24.com) de Casablanca. En este amplio reportaje tuvo la oportunidad de expresar qué creen los cristianos y cuáles son los derechos que reclaman, entre otros temas. Junto a otros cristianos ha creado una estación de radio por internet y un canal en Youtube.

NUEVO TIEMPO

El rey de Marruecos, Mohamed VI, conocido por su defensa de un islam abierto y tolerante, es también Amir al Mouminin o Príncipe de los Creyentes. En 2016, durante un viaje a Madagascar, el monarca expresó que él es el Príncipe de todos los marroquíes, sean musulmanes, judíos o cristianos. Mustafa interpreta que “esta declaración es una señal que está dando a los creyentes en Jesucristo”. Junto a otros líderes del movimiento firmó una carta de agradecimiento al rey. “No queríamos dejar de expresarle nuestro agradecimiento porque también es Príncipe para nosotros, los cristianos”.

Otros signos de un nuevo tiempo han tenido lugar en los últimos años en Marruecos. “El ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Towfique, hizo declaraciones interesantes. Él dijo que Marruecos es para las otras religiones también. ´Somos un país democrático, abierto´, afirmó. Algo está cambiando!”, expresa con gozo Mustafa. Luego menciona que el 2012 el Supremo Consejo Científico dijo que si alguien sale del islam merece la muerte, y que recientemente (enero 2017) el mismo organismo expresó que cualquier ciudadano tiene derecho a continuar en el islam o salir. “Esto no significa un cambio en las leyes aún. Por ahora son declaraciones, pero estamos pidiendo que las leyes cambien y garanticen la libertad religiosa a todos los marroquíes”, señala.

El año pasado el grupo decidió hacer una gran celebración pública de Navidad y estratégicamente extendieron invitaciones no sólo a cristianos sino también a algunos musulmanes más abiertos, presidentes de partidos políticos, periodistas, escritores, intelectuales, personas de Derechos Humanos. Alquilaron un salón para fiestas de boda en Casablanca y el 25 de diciembre tuvieron una celebración con alabanzas, mensaje bíblico y testimonios. Los medios de comunicación se hicieron eco de este acontecimiento y la noticia de que hay cristianos en Marruecos llegó a todo el país.

Fuente: Protestante Digital

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